Desnudar

Sebastian pidió a sus empleados que le consiguieran un pijama, un té para tranquilizar los nervios y unas pastillas para dormir. Olivia seguía temblando cuando las cosas que él ordenó llegaron a la habitación, así que envió un mensaje al asistente de seguridad para que llamara un médico. El joven apareció unos treinta minutos más tarde, Sebastian  ya tenía a Olivia cobijada y de vuelta en la cama. 

—No es necesario un médico, estoy mejor. 

—Olivia, ¿esto ocurre muy seguido?

—No, es ocasional y solo ocupo algo para dormir. 

El médico le tomó los signos vitales y estaban un poco alterados por lo que decidió que un calmante sería lo mejor. 

—¿Algo lo detona en específico?—preguntó el médico y ella no quiso darles una respuesta. 

El médico le puso una bolsa de suero pequeña y Sebastian le dijo a Olivia que se cambiarían de habitación; ella iría a la del lado y la niñera se quedaría en esa con Mily.

La mujer inconforme siguió las indicaciones y les pidió un momento para avisarle a Mily, entró a la habitación y la despertó con suavidad. 

—¿Qué pasa de nuevo?—preguntó molesta. 

—Me tengo que ir temprano, Clarisse estará aquí y puedes pedir dos desayunos —Dijo y la niña sonrió antes de volver a cerrar sus ojos mientras asentía. 

—Te amo, tía O—Dijo entre dormida. 

Olivia fue con Sebastian y el médico a la otra habitación, le pusieron una bolsa con suero y le dieron la medicación a través del mismo. La joven le dio una mirada a Sebastian asustada y él fingió que tenía la situación bajo control.  

El joven se acostó en la cama de la otra habitación después de verle dormir profundamente debido al medicamento. A la mañana siguiente le observó en silencio antes de pedir el desayuno, Sebastian habló con la niñera, la cual dijo que la niña estaba perfectamente y que en breve saldrían.

Cuando el desayuno llegó despertó Olivia. 

Ella tomó asiento en la cama e intentó respirar con tranquilidad. 

—La niña está bien, va para el parque. 

—Gracias. 

—El doctor dice que es común que el detonante sea el estrés o un evento traumático—Comentó Sebastian mientras le acercaba una taza de té. 

Olivia se quedó en silencio, los dos se quedaron en silencio mirándose y ella finalmente respondió en un hilo de voz: 

— No puedo hacer esto. 

—Puedes tener sexo con un hombre y otro, meter a una niña a un bar de mala muerte, un prostíbulo para ser exactos, pero no puedes tener sexo conmigo y una vida cómoda. 

—No puedo permitir que me humilles. Tengonrelaciones  con hombres, Sebastian. Algunos me hacen morir del asco, pero no estoy lista para que me arrastres a su antojo. 

—Olivia. 

—Mi papá es un hombre muy rico. Siempre he sido su secreto sucio, no estoy lista para ser el tuyo. 

—No estoy entendiendo. 

—No puedo ir a un evento de la alta sociedad medio desnuda para tu diversión. No quiero no tener el control de mi vida; no saber qué vas a hacer o renunciar a mi derecho de exigir, sé que firmé el contrato, pero no puedo vivir así, con la incertidumbre de cuándo me dejarás ir o cómo vas a humillarme. 

—Podemos trabajar en ello, darnos unas semanas solos, cuando te sientas mejor retomar lo que tenemos. Soy así Olivia, no tengo intermedios. No quiero una relación. Eres una mujer bonita e inteligente. La chupas de vicio.  No me gusta compartir y pagué un dineral para sacarte de un prostíbulo, así que voy a darte el control por unos días. Voy a ir de viaje, mis guardas te vigilarán y a la niña. Cuando regrese puede decir si mi acuerdo es mejor o, pero que el lugar del que te saqué. 

—¿Cuánto estarás fuera?

—Un mes y medio, quizá dos. Puedo llamar y pedir que vueles o venir, pero te daré un mes como mínimo de tiempo para que puedas pensar—Respondió y bebió un poco de su café. —Olivia, me gustarían unos cinco días contigo antes de irme. 

—Mily. 

—Los niños se adaptan rápido, piensa que trabajas cinco días y tienes un mes de vacaciones pagadas. 

—¿A partir de cuándo?

—Mañana mismo. 

Olivia le miró insegura y se puso en pie y estrechó su mano, Sebastian sonrió y le miró con sus ojos.  Preciosos y azules. Olivia le dio la razón mentalmente de algo, ella tendría sexo con un hombre tremendamente guapo, dominante, fuerte y muy sexy. Definitivamente, le hacía enloquecer la forma en la que le excitaba y devoraba en la cama, aquello que nunca podía experimentar con sus otros clientes, un orgasmo y eso también le asustaba. 

—Necesito hacer unas cosas. 

—¿Cómo qué?—preguntó. 

—Tengo que ver al médico, cambié de método anticonceptivo y quería revisar unas cosas. 

—Perfecto, tienes cita o te saco una. 

—Tengo que pedir una cita. 

Sebastian le dijo que fuera, él tenía que organizar la salida que se había improvisado, le apetecía descansar unos días antes de irse de viaje por negocios y Olivia sería una exquisita forma de relajarse, además necesitaba encontrar la manera de convencerle para que se quedara y seguir su plan. 

¿Qué haría Owen Smith cuando supiese que él haba encontrada su hija y la había convertido en su mujer?

Para aquel momento Olivia tenía que confiar y amarle tanto que tomaría una bala con tal de protegerle  y su padre tendría que sufrir al verle a su lado. El joven se aseguró de  que la mujer comiera bien, ella le miró cautelosa y continuó comiendo. 

—¿Cuántos años tienes?—preguntó Olivia.

—¿Importa? 

—No, solo... 

—Treinta y nueve. 

—Tengo veintiuno—Declaró la joven y él le vio divertido porque tenía un papel que decía lo contrario. 

—Seguro. 

—Revísalo, es de dominio público. 

—Mi informe dice que tienes veintisiete años. 

—Revisa el registro—Le retó. 

Sebastian buscó en su celular y se dio cuenta de que era cierto, le preguntó cómo su edad era diferente para distintas personas y entidades, Olivia le miró divertida y dijo: 

—Bueno, necesitaba tener más años para trabajar en el bar, así que di papeles falsos y tu gente obtuvo mi edad de ellos, imagino. 

—Olivia, eres un bebé—aseguró divertido. —Le diré a la gente que tienes veintinueve, esto será nuestro secreto—Ella rio. 

Olivia fue a vestirse. Salió de la habitación y lo primero que hizo fue revisar el bienestar de su sobrina. Se dirigió hacia el  parque y miró a su sobrina.  La peque estaba jugando con unos niños que seguro acababa de conocer, pero todos actuaban como si se conocieran de toda la vida, la mujer le dio un beso a la pequeña y la apartó del grupo para decirle que tendría que ir de viaje.

— ¿Y yo me quedo con Clarisse?—insistió Milena.

—Exacto. 

—¿Y yo la mando? 

—Obvio, no, señorita. Clarisse te manda a ti y haces todas las tareas, comes todas las verduras y duermes a tu hora. 

—¡Qué aburrido!

—¿Me vas a extrañar? 

—Seguro que sí. Voy a extrañarte para tu cumpleaños. 

Olivia fue a columpiarse junto a su sobrina, disfrutó de unos minutos con la niña y sus ocurrencias. Finalmente, se despidió con un beso y un abrazo y se acercó  a darle indicaciones a Clarisse quien en realidad tendría a su sobrina en más control del que ella podría, sin embargo, no estaba de más advertirle sobre sus locuras y decirles que estaría pendiente. 

Se despidió de nuevo de su sobrina y fue a casa a hacer la maleta, su último destino sería el médico con el cual había conseguido cita más por Sebastian que por cualquier otro ser humano.

Después de una hora y media en casa entraba al Pieth Health Hospital. Se dirigió al piso de ginecología y se encontró con Alonso el cual sonreía junto a una mujer pelirroja, mucho más joven que él, la cual le veía con cierto cariño mientras se reía del joven. 

—No me has llamado. 

—Perdón, Alonso. —Dijo y le besó en la mejilla. —¿Eres de estos Pieth? 

—Soy de estos Pieth, pero no corto gente para vivir. 

—Ya… ahora los demás son asesinos —Le molestó la mujer. 

—Mi hermana, Valentina—nos presentó el hombre. —Obvio sí, les gusta cortar humanos, Vale. Es un trabajo horrible. 

—Hola, mucho gusto—Dijo Olivia y le estrechó la mano. La joven le saludó con un beso en la mejilla como si fuera viejas conocidas. 

—Es idéntica a la mujer imaginaria de Ellis. 

Olivia vio a Sebastian acercarse junto a su médico Logan y con un tercer hombre que le tenía rodeado del hombro. Ella miró a al millonario con el cual tenía una relación por contrato sonreír, una sonrisa tan cargada de suficiencia y seguridad. 

Sebastian se acercó a la hermana de sus amigos y le dio un beso en la mano antes de decir: 

—Valentina, estás tan guapa como siempre. 

La joven le miró divertida antes de abrazarle como si fuese un gato sobre una pared, Sebastian rio por primera vez y Olivia se permitió sentirse celosa, jamás compartirían aquella intimidad y él nunca vería la necesidad de ser un caballero en su presencia. La mujer le dio varios besos en las mejillas y sus hermanos le pidieron que le soltara. 

—Recuerda que le gustan mayores—Comentó Logan molesto. 

—¿Qué tiene de malo tener relaciones? —preguntó el otro médico a Logan —Si eso es lo que la niña quiere que le den. 

—Dice el que se echa a la misma desde hace un siglo—Respondió Sebastian y jugueteó con su cabello. En fin, no vine a hablar de lo surtido que es Jack. Si no de lo raro que es Logan—Todos rieron. —¿A quién se le ocurre ser sexólogo?

—Es un excelente trabajo—Comentó el joven y todos le miraron serios antes de reír. —No voy a bromear porque mi paciente está aquí y no quiero que piense que soy un pervertido. 

—Ya lo pienso. —Respondió Olivia.  

Logan le preguntó si estaba lista y ella asintió. Sebastian se despidió de sus amigos y todos le miraron caminar serio y decidido hacia el consultorio. Olivia le miró incómoda antes de tomar asiento, no estaba preparada para hablar de su vida íntima frente a un hombre que le pagaba por sexo.  Logan miró a su amigo y este a él. Ambos se quedaron cerca de la puerta retándose con la mirada hasta que Sebastian intentó sentarse al lado de Olivia y Logan le corrió la silla con el pie. 

—¿Algún problema?—preguntó Sebastian al médico y miró a Olivia. 

—No es tu cita y no eres su esposo. 

—Tengo relaciones con la mujer, es mi problema.

—¿Quieres que te explore, Caine?

—Tal vez. 

Olivia se acomodó en su asiento y le dijo a Sebastian que era privado lo que quería comentar con Logan. El médico empujó a su amigo hacia la puerta y Sebastian retó a Olivia con respecto a no quererle en la cita. Ella intentó no mostrarse afectada debido a sus continuas niñerías y su comportamiento abusivo. 

—Es privado, sal—le repitió Logan. 

—¿Qué tienes que hablar? ¿Te has arrepentido del método anticonceptivo? Si decidiste tener un bebé sin avisar, te tengo noticias,  no quiero un hijo Olivia, muchísimo menos ahora ni contigo. 

—Mi padrastro abusaba de mí.—Respondió la mujer sin quitar la mirada de la de Sebastian. — No puedo tener orgasmos. Los finjo. No puedo…  A Sebastian le gusta pararse en el borde de la cama a verme dormir. Así que necesito pastillas para no salir corriendo o matarle—Declaró la mujer sin dejar de verle a los ojos y sintiéndose más humillada que la primera vez que se desnudó ante un hombre al que no conocía por dinero.