Mi nombre
Yo sentía que me había enamorado de un buen hombre.
Teodore es encantador, el tipo de chico que se sabe tu agenda, y los días normales los convierte en preciosos, con flores y amor, y en los días complicados siempre encuentras una sonrisa, comida, buena compañía.
Yo estaba en una cena con mi familia, una cena con la realeza en la que hablamos de estrategias, proyectos, se acuerdan actividades para el año.
—No tengo problema, quiero que sea este año, pero si creen que opaca a Leonor, puedo esperar.
—Leonor, ¿qué te parece a ti? —pregunta mi tía, y yo la miro, asiento, y todos se quedan mirando, en espera de una respuesta. Mi hermanita, Isla, se inclina hacia mi asiento y me explica que mi primo quiere realizar su entrenamiento militar.
—Umm, yo tengo compromisos que atender, puedo esperar a agosto. Tienes tiempo el otro año.
—Claro, tengo la universidad —comenta.
—¿Agosto de qué año? —pregunta mi papá—. Es que no especificaste.
—Qué intensidad, este año, son demasiados años —me quejo, y todos proceden a ignorarme, lo cual me molesta más porque no sé si se enteran, pero es mi vida y son tres años de entrenamiento en diferentes disciplinas, una ridiculez.
Proceden a continuar agendando eventos. Mis hermanos parecen tranquilos mientras eligen sus actividades y apariciones oficiales. Yo acepto todo lo que me imponen, pero luego me pongo a contar.
31 apariciones de febrero a agosto.
—No sé, como que me van a gastar o algo.
—No te gastas por compartir con tu pueblo —dice mi papá, y ruedo los ojos.
—Vale, ahí estaré —comento y me pongo en pie. Les lanzo un besito a todos y mi familia pregunta a dónde voy si luego toca la cena. Con toda honestidad no quiero estar con gente que solo me ve como un objeto. Lo pienso y no lo digo, puntos para mí, aplausos incluso. Sonrío y me invento un dolorcito de estómago.
—Comes y se te pasa, la familia ha volado para esto —comenta mi madre y ordena un té para que se me pase el malestar. Me da una mirada de advertencia.
—De verdad preferiría retirarme —comento, y ella se pone en pie, me hace una seña y me acompaña al auto. Caminamos en silencio, una al lado de la otra. Mi mamá les pide a los empleados un espacio y ellos se apartan para permitirnos hablar.
—Leonor, entiendo que eres joven, que quieres enamorarte, pero no me gusta ese muchacho para ti. Tu papá y yo no vamos a obligarte a casarte con alguien a quien no amas, pero no voy a quedarme sentada a esperar que te enamores o te cases con alguien incorrecto.
—Mamá, no deberías hablar de alguien que no conoces —comento, y me despido.
Voy a la casa donde mi novio me espera con un kit de relajación, incluso tiene para hacernos skincare. Yo de verdad me derrito, lo lleno de besos, y él me carga, me abraza y me acaricia la espalda suavemente.
—¿Qué quieres hacer?
—Honestamente quiero estar en silencio en el sofá.
—Vale, ve a cambiarte.
Cuando regreso hay velas aromáticas, el tele está apagado, una lámpara con luz baja y mi teléfono cargándose. Teodore me hace un hueco en el sofá, le doy un beso y me pongo una máscara facial antes de acostarme a ver el celular. El silencio, la tranquilidad. Sería romántico pensar que esta podría ser mi vida, pero yo tengo un compromiso con el pueblo. Tomo la mano de Teodore, me cambio de lado, me acomodo contra su pecho, le doy un beso, un beso y otro.
—¿Estás bien? —pregunta, y yo asiento. No digo mucho más.
A la mañana siguiente mi papá llama, que quiere conocerlo, y sé que Leonel hace todo desde el amor, y es fabuloso sentirme apoyada hasta en mis momentos más locos. Quedamos con él a comer.
Teodore llega antes de tiempo, lo esperamos juntos, se pone en pie para saludarle. Mi papá va bien vestido; diría mi hermana, se le ve el dinero, la clase y la elegancia. Le doy un beso y un abrazo, susurro un agradecimiento porque sé que se está tomando el tiempo y probablemente va en contra de su mujer y el copapá, pero está aquí y me emociona.
Mi papá nos pregunta qué nos gusta del restaurante y yo le comento que mi idea es un brunch. Él me ve divertido y Teodore sonríe, emocionado por la opción. Nos traen un montón de platillos porque no nos pudimos definir muy bien. Mi papá dirige la conversación con amabilidad; no siento que sea una entrevista, pero puedo escucharlo, y sin decirme si está bien o está mal, mi papá me hace escucharlo.
—No entendí, vas a mover alimentos de alta demanda entre países, tú estás haciendo la negociación, pero la materia es de una empresa y el transporte es de tus padres.
—Así es.—responde seguro de sus ideas—Sí, en este momento tenemos disponibilidad de medios de transporte en la compañía y quiero aprovecharlos.
—Es una oportunidad de poner tu nombre, tal vez debas trabajar más en ello, pero es un paso —dice mi padre.
—Claro, lo llevaré personalmente —él asiente, sonríe. Conozco esa mirada y esa sonrisa, es su cara política, cuando alguien dice algo y es una estupidez, pero le da otra oportunidad.
—A largo plazo, ¿qué piensas hacer?
—Quiero dirigir la compañía familiar —comenta cómo ha estado trabajando desde pequeño en convertirse en la persona digna para ocupar el lugar que su padre ocupa ahora.
Yo tengo esa oportunidad de ocupar los zapatos de mis padres, pero en todo caso no querría copiarlos, sino honrarlos, hacerlo bien, mejor, dar mi mayor esfuerzo, no ocupar un puesto o una silla, y para Teodore es eso.
Mi papá se comporta como siempre: tranquilo, cariñoso, relajado. Incluso no recalca que mi novio está montado del apellido y las compañías de su padre, que es la verdad. Solo escucha, asiente, aprende.
Me voy con él porque yo tengo cosas que hacer en el palacio.
—¿Qué te pareció?
—Véndemelo tú a mí —dice mientras conduce.
—Es trabajador, es guapo, inteligente y me siento segura y feliz —le digo, y sonríe.
—Mi amor, yo quiero que seas feliz, siempre, siempre. Algún día voy a pelearme con tu papá por entregarte en tu boda y me imagino que será un camino largo, enormemente largo, y probablemente llore e intente convencerte de que seas mi bebé de nuevo y me diga: “Papá, vamos a jugar con las vacas” —comenta, y lo miro divertida, con los ojos un poco llorosos en realidad, porque es muy dulce.
—Quiero a alguien mejor —me dice—. Quiero que tengas a alguien a quien no le puedan cortar el grifo, que se imponga un poco, nena, porque cualquier hombre que no tenga los huevos de ponerse de frente a Kamal o Layla no puede contigo —me dice, y sé que tiene razón.
Tarde, pero empiezo a ver las señales.
Teodore es una persona divina, maravillosa, un tipo muy dulce, pero no es un empresario, y lo demuestra una mañana que está conversando con sus padres de dinero. Yo oigo parte de la conversación y pregunto por sus negocios; él me da un beso y trata de mostrarse tranquilo.
—Todo está amarrado en los negocios, cielo, de eso dependemos —responde—. Tengo una reunión con los socios, no sé si quieras venir o participar.
—No hago mezclas de negocios, placer o romance, te lo he dicho ya varias veces, cuatro con esta. No voy a meterme en negocios contigo porque tenemos una relación íntima —respondo.
—Estás invirtiendo en algunos negocios y lo que estoy haciendo involucra a tu país, pensé que podría interesarte.
—Sí, y me parece grandioso, pero no voy a poner dinero en eso.
—Vale.
Teodore es perfecto en el papel, pero cuando empiezo a sentirme manipulada es cuando el amor sale por la ventana y entra la razón. Cuando me doy cuenta de que soy un nombre que tira cuando quiere convencer a los demás de hacer lo que sea, no solo me duele, siento que necesito irme.
—Leonor, quería hablar contigo —dice mi tío Ellis.
—Claro, dime.
—Tuvimos que impedir la descarga de uno de los containers de Teodore. Traía productos vencidos, con etiquetas falsas. Nosotros vamos a cortar lazos con la exportación de los condimentos, ya tenemos a alguien con una oferta, pero lo que más me disgustó es que intentó dar a entender que tú habías autorizado eso. Te conozco y quiero oír tu versión.
—No estoy interesada, no estamos bien del todo y voy a verme con él y confrontarlo al respecto.
—Tu nombre carga mucho poder y mucha responsabilidad, y él necesita entenderlo.
—Sí, gracias por la información.
Leonor:
Hola, quería que nos sentáramos a hablar de unos asuntos sobre tus negocios.
Teodore:
Cariño, lo siento, creo que ha sido un malentendido con unos alimentos, claro que podemos hablarlo. Cenamos juntos hoy y abordamos esto.
Leonor:
Bien.
Yo me informo completamente sobre los negocios de Teodore, qué está pasando, todos los detalles, con quiénes quieren negociar, con quiénes está negociando en el país, pros y contras, todo antes de la reunión. Lleva semanas intentando incluirme en uno de sus negocios y después de lo que pasó con el container mi respuesta es no. Mi abuelo dice que un negocio puede verse bien, sonar bien, pero ser todo lo contrario, y siento que no es solo el negocio de Teodore lo que está mal, sino él.
Mis sospechas se confirman cuando llego al restaurante y veo a cuatro de los tres hombres con los que él ha estado negociando en una de las mesas, mirándonos, esperándonos. Yo veo a Teodore incrédula, él me ve desesperado, intenta prevenir una escena, pero como bien lo ha dicho Ellis, es mi nombre, es mi imagen, y loca no estoy, solo me acaba de entrar la luz y estoy convencida de que se ha acabado.
—No entiendo qué hago yo aquí —le digo.
—Mi amor, era nuestra cita, pero ellos solo podían hoy, espero lo entiendas y me acompañes —dice, y me aprieta del brazo. Me mira serio y me arrastra hacia la mesa. Veo a los tres hombres, estrecho mi mano con cada uno de ellos, Teodore recalca mi título y mi nombre. Le pido un momento a Teodore, por su bien prefiero terminar con él en privado.
—Tenemos invitados —me dice y se hace el ofendido.
—No. Tú tienes invitados. Teodore tenía una cita conmigo. Yo no soy parte del proyecto, no tengo ni idea de qué les ha ofrecido, pero el reino y yo no tenemos relación comercial con él y la verdad, según lo que he escuchado, Teodore es solo un intermediario. No me parece un buen negocio. Me disculpo si tenían la idea equivocada, pero yo me voy —les comento.
Teodore intenta retenerme. Mi equipo de seguridad interviene. Prashad me saca del restaurante sin montar una escena y le ordeno que saquen mis cosas de casa de Teodore.
—¿Algo más, majestad?
—Revócale el ingreso al país, como para no incomodarme más —le comento, y él se ríe.
—Le aviso que terminaron —bromea.
—No, ya debió haberse enterado —le digo, y él ríe.
Yo tengo un crush con Leonel es un papazote, padrazo del mes, lo amo, ese es mi comentario.
Ahora las leo a ustedes.
¿Qué opinan de los Teodore del mundo? ¿Qué les pareció Leonor?