Recuerda

Las familias son raras, o sea, el concepto de familia en la mía está súper modificado. Mi abuelo es mi tío abuelo, tengo dos mamás, dos papás; eso la hace una familia más compleja. Estábamos todos desayunando en el jardín cuando mi mamá le dio una palmadita a Gabriel para que fuera a dejar el celular adentro. Mis hermanos ya empezaron a molestarlo con la novia, a la que mi hermana y yo públicamente odiamos. Mi mamá aprovecha para quejarse de mi hermano Jamal, a quien quiere mandar a vivir lejos con tal de que deje a la niña que le gusta en paz. Mi papá se queda serio observando y luego sonríe.

—Déjenlos, podría ser peor —comenta mi padre.

—¿Por qué? —pregunto.

—Podrían estar obsesionados con cambiarse el cuerpo, con drogas o apostando el dinero de la casa real. Déjenlos enamorarse y perder un poco la cabeza. Sean como Solecita, a ella nunca le gusta nadie, siempre está enfocada, creando proyectos, está lista para gobernar cualquier día. Hija, tú puedes ser lo que quieras, a veces me emociono porque siento que vas a ir a la luna —comenta, y mi mamá a su lado se ríe.

Mi hermana acepta el honor de ser la primera heredera en la luna en la cabeza de mi papá y mis hermanos se ríen. Esos dos son comedia pura, pero no puedo evitar ver cómo Sol baja la cabeza y se queda incómoda en su silla. No me queda tiempo de pensar porque mis hermanos siguen molestando a mi papá.

—¿Cuántas novias tuviste tú, papá? —pregunta Sol.

—Novia solo tu madre, esposas solo tu madre y tu tía, y luego ganó tu madre, siempre Selene, todo —mi mamá lo mira con los ojos entrecerrados.

—Tú tuviste un montón de novias antes de mí.

—Tranquila, Selene, yo nunca, nunca tuve una novia o un compromiso antes de ti —responde divertidísimo porque está mintiendo, pero diciendo la verdad al mismo tiempo.

—¿Tu papá? —pregunta Leila, y él niega con la cabeza, pestañea.

—No recuerdo a nadie antes de tu madre.

—Cuando yo lo conocí estaba saliendo con alguien, y cuando lo dejé estaba saliendo con alguien, y cuando iba a volver con él estaba saliendo con alguien.

—Mamá, sí, pero tú te casaste con alguien más —le recuerda Habib, y ella lo ve incrédula.

—Sí, pero si hubiese sido al revés a él le hubiese gustado que yo lo esperara.

—Mi amor, dejé a una pobre mujer como novia de pueblo, vestida y alborotada, y fui y me casé contigo y tuvimos tres hijos, ¿sabes? —comenta él, y mi hermana se ríe.

—Yo leí artículos sobre ti —comenta Leila—. Es más, la primera vez que ganaste uno de tus juegos peligrosos internacionales con carritos —comenta sarcástica—, te tomaron una foto en medio de cinco viejas, todas operadas.

—¿Qué hiciste con ellas?

—Mi amor, no recuerdo, bebí demasiado esa noche —responde y todos en la mesa reímos.

—De mí nunca pueden decir eso.

—Su papá tenía un empleado encargado de botar todas las evidencias de sus crímenes —comenta mi mamá, y mi papá le da un codazo.

—Selene, de verdad, de verdad, tú a mí no me ayudas con la familia. No era así.

El desayuno está lleno de risas y después se inicia otra rivalidad, porque todos sabemos quién es el hijo favorito de mi padre, más no el de mi madre. Mi mamá nos regaña a los cinco por igual, nos quiere a los cinco por igual, pero mi papá y Sol son como uña y mugre, y mi papá y Raj son espejos. Estoy casi segura de que Raj es su hijo perdido.

—Pero dinos a quién quieres más, ¿a Raj o a Sol?

—Los quiero a todos por igual —insiste mi padre.

—Si tuvieses que irte mañana a otro país, ¿con quién te irías?

—Bueno, últimamente con Leonor —comenta Sol.

—Mi amor, lo mío es un viaje de manipulación —comento y todos ríen—, pero yo me hago la tonta como miles de mujeres en el mundo.

—Leonor, ¿te lo pasaste bien o no?

—Me lo pasé bien, muy lindo, honestamente, y muy considerado. Gracias, papá.

—Anotando puntos siempre —comenta, y mis papás se ríen.

—A ti ni te hizo pancakes —responde mi mamá, y todos ríen.

—Papá, ya dinos —insiste Isla.

—Isla, mira, paso mucho tiempo con tu hermana porque ella siempre quiere venir conmigo, es divertidísima, el pueblo la adora, es monísima, y tu hermano es mi espíritu animal, pero necesito que tome versión humana. Lo mismo cuando paso tiempo contigo o con tus hermanos, los amo muchísimo. Si tuviera que elegir, buscaría darle la oportunidad a alguno para que acompañe al otro —comenta, y mi mamá le aplaude lentamente.

Él se ríe y la llena de besos. Sol le da un abrazo y le pide a mis hermanos que lo dejen en paz.

Mis hermanos me llevan a pasar un día precioso por el palacio, pero no soy de hule. Pasamos por el sol todo el día en la oficina, comiendo, jugando, y me siento al lado de mi hermanita. Sol sonríe de medio lado y le doy un abrazo.

—Sabes que voy a quererte siempre —le digo, y ella eleva las cejas—, siempre, sin importar qué hagas con tu vida, excepto peinarte el pelo de un color horrible o raparte por moda —comento, y ella se ríe.

—El problema no eres tú —le digo, y ella toma mi mano.

—Sí, pero su hermano se mató porque era gay y él no lo quería.

—Bueno, tú no vas a matarte, y han pasado mil años. Tal vez se vuelva un poco loco, pero se le va a pasar.

—La gente va a rechazarme y me voy a tener que ir de aquí y no voy a poder verlos nunca —mi hermana se pone a llorar, y yo la abrazo.

Mis hermanos se intentan acercar y yo niego con la cabeza y les hago señas para que se vayan.

—¿Pero qué le pasa? —pregunta Isla.

—Nada… nada… la regla —les digo, y me llevo a Sol a casa.

La dejo ponerse cómoda en su habitación y le busco algo de merendar. Cuando subo, está en su pijama; su mamá está peinándole el pelo para que se acueste, y yo me ofrezco a quedarme a una pijamada de medio día y tarde.

—¿Estás mejor, mi amor?

—Sí, solo… las hormonas.

—Bueno, mamá está al otro lado. Te amo, te amo. Tú solo llama y vendré, solecito —le dice, y ella asiente.

Ella se atraganta con el helado en cuanto su mamá se va, y luego me dice:

—¿Cómo supiste?

—Tú eres como Leyla, se les da fatal ocultar sus emociones y sus sentimientos hacia los demás, y si estás esforzándote porque los demás no sepan es porque crees que es malo o que tendrá consecuencias. Si te gustaran los hombres, todos lo sabríamos, Sol —le digo, y ella asiente.

—Vale, eres más inteligente de lo que todos piensan.

—Es justo lo que les digo todo el tiempo —ella se ríe.

—No le cuentes a nadie.

—No voy a contarle a nadie, pero si tú quieres contarle a quien sea —mamá, papá, algún tío, los abuelos— y quieres que yo esté ahí, o aquí, esperándote donde sea, Sol, voy a estar. Y si el país entero pide tu cabeza, yo voy a pedir y pelear siempre por tu libertad. Y si tienes que irte y papá te cierra el grifo, mi grifo siempre está abierto. Yo estoy contigo en las buenas, en las malas y en las malísimas. ¿Te queda claro? Yo no estoy dispuesta a perder a mi hermanita, porque yo te esperé ocho meses, te cargué, jugué contigo, y te voy a escuchar hasta que yo sea viejita y tengamos que decidir cuál es mi outfit antes de morirme.

Mi hermana me abraza y llora un rato más, pero lo entiende. No me voy, no voy a dejarla sola.

Cuando salgo de la habitación para alistarme para cenar, me encuentro con Jamal, mi hermanito. Me ve de pies a cabeza, yo lo veo de la misma forma. Caminamos por el pasillo tranquilos y escucho sus pasos por el otro lado para encontrarnos en la puerta de mi habitación.

—Tú sabes lo que yo creo que sabes.

—No sé qué sabes tú, pero sé que no debería ser un chisme.

—Creo que deberíamos prohibirle a mi papá hacer chistes homofóbicos.

—Creo que sí… pero démosles un chance a los dos.

—Vale, voy a vestirme.

Esa noche vienen a cenar mis tíos, Amir y Zair. Me dan un beso en la mejilla y se sientan cada uno a mi lado. Los veo, y Zair sonríe antes de preguntar:

—¿Por qué nunca traes amiguitas cuando estamos en casa?

—Mis amigas son sagradas, señor —le digo, y le doy un golpe en la pierna.

Su hermano se ríe.

—Este igualado. Abuela, ven a controlar a tus hijos —la llamo, y ella mira a Amir y a Zair.

—Le estábamos pidiendo que nos presentara a alguien.

—Ustedes dos necesitan casarse, urgente, necesitan enamorarse y casarse, tener hijos —inicia mi abuela.

—Por eso estábamos hablando con Leonor —comenta Amir.

—Con alguien de su edad —comenta mi abuela—, alguien que quiera compartir su vida con ustedes.

—Mamá, se están construyendo mansiones una al lado del otro.

—Por eso la gente piensa que son gays —dice mi papá—, el uno con el otro.

—Papá, deja de ser tan homofóbico —dicen Raj y Alan.

—Sí, Kamal, de verdad —se queja mi tía Farah— No aprendes. Tenemos hijos, sobrinos, hombre ya déjate de comentarios del culo. Lo de ustedes dos es incesto y es súper mega raro —comenta mi tía Farah, y mis tíos Amir y Zair se ríen.

—Kamal fue otra vez al brujo y me llevó —lo acusa Amir, y todos empiezan a irse encima de mi papá—. El brujo dijo que Zair y yo nos vamos a casar con dos hermanas y vamos a tener hijos y ser felices todos en nuestro jardín.

—Yo quiero ir a ese brujo personalmente.

—Hija, no le hagas caso a tu papá—me pide mi madre.

—No es un brujo, es un vidente y no falla —nos dice en su tono más político.

Todos nos reímos.