El papá II
Mi papá es el glamour en persona, o creo que él es un rey de verdad, es magnético, todo el mundo tiene que ver con el tipo, se ve elegante siempre, es educado, dulce, demasiado dulce y alegre. En nuestra primera noche en el crucero vamos a bailar y lo pasamos buenísimo, es bárbaro el aguante del hombre, nos quedamos hasta las cuatro de la mañana y él se me queda viendo antes de ofrecerme ir por la cura de cualquier resaca.
—No bebimos tanto.
—Hija, tengo más de cuarenta, bebimos lo suficiente como para tener que desayunar bien, y saqué todos mis pasos de bailarín profesional, necesito medicación intravenosa —me río muchísimo, porque en la noche era el rey de la fiesta, como que en la mañana se le ha habilitado el reinado de la vejez.
Nos tomamos un buen café, mi papá ni finge educación, se trae dos tazas solo para él, desatina una docena porque mi mamá jamás lo hubiese dejado comer eso de desayuno, y pide waffles con pollo frito. Elevo una ceja y él asiente.
—Después de una noche de salsa, hija, hay que comer grasa y dulce, el cuerpo necesita ayuda, necesita gasolina —yo asiento y absorbo su sabiduría.
—¿Qué tanto fiesteaste?
—Hija, lo de hoy hubiese sido el comienzo para mí. Antes no había exposición de parte de las redes, entonces todo bien.
—Ah, las redes y los chismosos de los paparazzis deberían estar presos todos, hay uno que sigue a mis hermanos, lo odio muchísimo, son adolescentes.
—En Main Village están cubiertos por la ley.
—Sí, pero ya tienen una edad en la que no pueden publicar, pero sí seguirlos, fotografiarlos y amenazar con que tienen fotos de ellos bebiendo y demás.
—Pero los chicos no beben.
—No, pero van a fiestas, hacen estupideces y su vida no debería estar determinada por la de los adultos en su vida, un error les puede salir carísimo.
—Entiendo, pero confío en tu madre y Leonel, saben mantenerlos muy en su sitio.
—Sí, mi mamá es como un lobo y un oso feroz, es horrible —la acuso mientras pruebo la combinación de mi papá, él guiña un ojo y asiente.
—Tu mamá ha vivido una vida llena de represiones —comenta—, quiere todo lo opuesto para ustedes y a la vez que no les pase absolutamente nada.
—Lo sé, pero a veces es muy dura, si tuviese que interpretarla desde fuera está enojada, peleando o gritando todo el tiempo.
—Tu mamá vive en un estado de supervivencia eterno, pero los ama demasiado. A veces hay que saber entender a la gente, de dónde vienen, cuáles son sus miedos, cuáles son sus dolores, porque esas dos cosas son más fuertes. Mira a tus hermanos, Raj y Alan pasaron tantas carencias que tú y yo no entenderíamos por más que nos lo expliquen, para ellos algunas cosas son inconcebibles.
—Lo dices por la comida —mi papá asiente.
Mis hermanos mayores, sus hijos fueron adoptados de una casa hogar que mi mamá intentaba mantener, cuidar y demás. En fin, por más que llevan años con nosotros, tienen este conflicto con la comida, que si desperdiciamos, botamos o regalamos. Es curioso, mi hermano, por ejemplo, no soporta ni compartir porque en su cabeza parece que él cree que no va a tener otra comida, es triste.
—Sería interesante llevar un curso de psicología —dice mi padre.
—Estudiemos psicología —propongo.
—¿Seremos compañeros de clase? —pregunta emocionado y yo asiento. Él sonríe y me promete que va a averiguar todo para hacerlo online porque se rehúsa a ir a clases con gente de mi edad. Me río y él me llena de besos.
Descanso riquísimo después de la comida, y me sorprendo cuando finalmente llegamos a puerto y nos damos el tour, porque mi papá conoce tantos atajos y se da el lujo de desviarse y llevarnos a un lugar precioso para almorzar. Me entrega una lista de tareas, le encanta hacer eso siempre que estamos de vacaciones porque cree que así vamos a apreciar más los alrededores. Yo le sigo la corriente porque mi papá no pide mucho nunca, no es un papá que exija notas, comportamientos o actitudes, simplemente pide disfrutar del momento y es algo que debería darse por sentado.
Estamos sentados esperando que abran las puertas para embarcar, nos comemos un helado y mi papá señala a una pareja, se supone que es su luna de miel, pero él tiene el iPad en la mano y el celular en la oreja.
—Esas son inmadureces que uno como hombre comete, ¿sabes? El trabajo, los negocios permiten un estilo de vida, pero la atención es importante.
—¿Tú y mi mamá lo dejaron un tiempo, verdad?
—Selene y yo.
—Sí, mi mamá Layla te dejó para siempre.
—Esa Layla —dice en tono de broma y me río—. Sí, tu mamá Selene y yo lo dejamos diez años. Mira, eso de salir o casarte o enamorarte de un hombre que no sabe dónde está parado, hija, olvídate de eso, por favor. Ni el que no tiene tiempo para ti, ni el que cree que su pasado es más importante que su presente. Tampoco. No mendigues nunca por amor, no coma mierda por amor, sé como tu madre elige un amor bueno para toda la vida.
Sonrío y asiento por los cosas porque si bien mis papás tuvieron una relación totalmente de conveniencia y es muy respetuosa
—Ay, estás pasando tiempo con mis hermanas.
—Sí, esas son otra cosa. O sea, el otro día le dije a Sol: háblame en árabe o en español, pero deja de enloquecerme —me río—. La niña habla cinco idiomas y quiere usar frases rarísimas. Ya que estamos, tener solo un hijo te enloquece, diez… hija, diez hijos te sacan canas.
—Tú no tienes diez hijos.
—Estoy contando a tus hermanos maternos y, de paso, tengo que confesarte que se siente como tener diez hijos, cada hijo. Imagínate mi vida —me río mucho más.
Finalmente abren las puertas y mi papá tira el helado, y puede ser que tal vez mis hermanos tengan razón con el desperdicio.